Bueno. Te cuento que hoy me vi un peliculón. La mayoría de los productos que muestran el lugar de la mujer en la cultura musulmana, son de origen occidental, y por lo tanto teñidos del juicio inevitable de nuestra mirada. Esto produce que muchas veces se caiga en la moralina facilonga hija de nuestra dificultad de pensar un paradigma distinto. Resulta que Wadjda es una película hecha en Arabia Saudita (la primera película enteramente filmada en ese país), y está escrita y dirigida por una mujer (Haifaa al-Mansour). Siendo esto así, lo primero que propongo al poner play, es tener en cuenta que una película que habla de la mujer en Arabia, y que está hecha por una mujer árabe, merece ser vista desprejuiciadamente, y cederle a la narración un valor propio más allá de la simpatía o antipatía que a uno le pueda generar cada personaje. Como en la mayoría de las películas no yankis, no hay malos ni buenos. Si te sacás ese esquema de la cabeza, vas a ver que todos los personajes, incluso los antagonistas, hacen y piensan según lo que creen que es lo mejor.
El relato está basado en una niña cuyo nombre es el título de la película, pero lejos está de ser una biografía completa. No vamos a ver de dónde viene ni a dónde va. No contrataron 3 actrices de diferentes edades para contar una historia de vida. Todo el argumento transcurre en no más de 4 o 5 días. Es una anécdota sobre el deseo de Wadjda de tener una bici. El asunto es que la bici es la excusa argumental para mostrar qué pasa cuando Wadjda desea. Qué pasa cuando una niña desea, en un entorno que no está preparado para que eso suceda. Pero Wadjda no es una mártir ni una heroína. No transforma a la sociedad ni se lo propone. Ella quiere tener una bici. Punto.
La otra propuesta que te hago es que prestes atención a lo que implica el deseo de Wadjda para cada personaje. Desde su madre hasta la directora de la escuela, pasando por el turco que vende bicis. Para todos implica un conflicto. Hasta para el padre que no le da pelota.
Los planos que elige hacer la directora son casi todos cortitos. Mucha cara. Mucho gesto... o mucha falta de gesto. Y cuando la cámara se aleja, se aleja con todo. Hasta que los personajes son puntitos en una ciudad que no puede notar su presencia. El conflicto de Wadjda puede ser un dramón, o una insignificancia, según qué tan cerca lo mires. Según cuánto te importe. Según qué tan cerca esté la cámara.
Pero volvamos al tema del deseo. La directora nos muestra que puede ser muy incómoda la expresión inocente del deseo. Descoloca a quienes trabajan para reprimirlo. Nadie puede explicarle muy bien a Wadjda por qué no corresponde que una niña monte una bicicleta. Y los pocos argumentos que cada adulto esgrime (mujer u hombre), se les vuelven a todos en contra tarde o temprano. En algún punto la línea editorial de la peli dice "Pero bueno, al final ¿qué tiene que ver el Corán con todo esto?". Y lo válido de este planteo es que proviene de adentro, no desde la comodidad etnocéntrica de quien juzga a los distintos con una coca cola en la mano, y una regla del sistema métrico decimal en la otra. Parece ser que el deseo una vez que se expresa confronta a los demás con su propio deseo, o lo que es peor, con su propia frustración. Un personaje femenino en un momento dice "que no te escuchen los hombres. La voz de la mujer es su propia desnudez". Claro que no es el sonido de la voz lo que las exhibe impúdicamente, sino el hecho de tener una voz, una palabra que significa algo. Una demanda. El equilibrio social que nos muestra esta película, está basado en que alguien no hable.
El problema es que Wadjda habla. Pero hay un momento en que elige no hacerlo, y es para proteger a otras niñas que fueron vistas en "pecado". La nena tiene código. Creo que esa parte de la peli está planteada para demostrar que ser inocente no es lo mismo que ser ingenuo. No caen en la fácil de hacer que el personaje se ridiculice a sí mismo siendo un pariah que representa otro modelo de pensamiento, un sapo de otro pozo. Wadjda está preparada para vivir en esa sociedad. No es como una árabe con ideales occidentales. No cuestiona al sistema. Es un sujeto que se las tiene que ver con su deseo y con su necesidad de ser, dentro de ese sistema, y que con naturalidad (o con resiliencia) explora la forma de lograrlo dentro de las reglas de su propia cultura.
Entonces te resumo que me parece que vale la pena dedicarle una horita y media a Wadjda, que habría que evitarse la tentación de levantar el dedo y decir "mirá estos turcos lo que son", y que habilita a reflexionar sobre el universal asunto de los sistemas cerrados que entran en crisis cuando uno de sus elementos busca resolver su propio desequilibrio.
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(6 partes)
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Pero volvamos al tema del deseo. La directora nos muestra que puede ser muy incómoda la expresión inocente del deseo. Descoloca a quienes trabajan para reprimirlo. Nadie puede explicarle muy bien a Wadjda por qué no corresponde que una niña monte una bicicleta. Y los pocos argumentos que cada adulto esgrime (mujer u hombre), se les vuelven a todos en contra tarde o temprano. En algún punto la línea editorial de la peli dice "Pero bueno, al final ¿qué tiene que ver el Corán con todo esto?". Y lo válido de este planteo es que proviene de adentro, no desde la comodidad etnocéntrica de quien juzga a los distintos con una coca cola en la mano, y una regla del sistema métrico decimal en la otra. Parece ser que el deseo una vez que se expresa confronta a los demás con su propio deseo, o lo que es peor, con su propia frustración. Un personaje femenino en un momento dice "que no te escuchen los hombres. La voz de la mujer es su propia desnudez". Claro que no es el sonido de la voz lo que las exhibe impúdicamente, sino el hecho de tener una voz, una palabra que significa algo. Una demanda. El equilibrio social que nos muestra esta película, está basado en que alguien no hable.El problema es que Wadjda habla. Pero hay un momento en que elige no hacerlo, y es para proteger a otras niñas que fueron vistas en "pecado". La nena tiene código. Creo que esa parte de la peli está planteada para demostrar que ser inocente no es lo mismo que ser ingenuo. No caen en la fácil de hacer que el personaje se ridiculice a sí mismo siendo un pariah que representa otro modelo de pensamiento, un sapo de otro pozo. Wadjda está preparada para vivir en esa sociedad. No es como una árabe con ideales occidentales. No cuestiona al sistema. Es un sujeto que se las tiene que ver con su deseo y con su necesidad de ser, dentro de ese sistema, y que con naturalidad (o con resiliencia) explora la forma de lograrlo dentro de las reglas de su propia cultura.
Entonces te resumo que me parece que vale la pena dedicarle una horita y media a Wadjda, que habría que evitarse la tentación de levantar el dedo y decir "mirá estos turcos lo que son", y que habilita a reflexionar sobre el universal asunto de los sistemas cerrados que entran en crisis cuando uno de sus elementos busca resolver su propio desequilibrio.
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